viernes, 13 de enero de 2017

Celia Cruz arte, cultura y pasion

 Biografía Celia Cruz


Celia Caridad Cruz Alfonso nació en el barrio de Santos Suárez de La Habana el 21 de octubre de 1924, si bien algunas fuentes señalan su nacimiento cuatro años antes, y otras en 1925, datos todos ellos de difícil comprobación dada la persistente negativa de la estrella a confesar su edad. Segunda hija de un fogonero de los ferrocarriles, Simón Cruz, y del ama de casa Catalina Alfonso, Celia Cruz compartió su infancia con sus tres hermanos (Dolores, Gladys y Barbarito) y once primos, y sus quehaceres incluían arrullar con canciones de cuna a los más pequeños; así empezó a cantar.

Su madre, que tenía una voz espléndida, supo reconocer en ella la herencia de ese don cuando, con once o doce años, la niña cantó para un turista que, encantado con la interpretación, le compró un par de zapatos. Con otras canciones y nuevos forasteros, la pequeña Celia calzó a todos los niños de la casa. Después se dedicó a observar los bailes y las orquestas a través de las ventanas de los cafés cantantes, y no veía la hora de saltar al interior.

Sin embargo, sólo su madre aprobaba esa afición; su padre quería que fuese maestra, y Celia, no sin pesar, intentó satisfacerle y estudiar magisterio. Pero pudo más el corazón: cuando estaba a punto de terminar la carrera, la abandonó para ingresar en el Conservatorio Nacional de Música. Ya por entonces cantaba y bailaba en las corralas habaneras y participaba en programas radiofónicos para aficionados, como La Hora del Té o La Corte Suprema del Aire, en los que obtenía primeros premios tales como un pastel o una cadena de plata, hasta que por su interpretación del tango Nostalgias recibió un pago de quince dólares en Radio García Cerrá.


Celia Cruz en los inicios de su carrera

Más tarde cantó en las orquestas Gloria Matancera y Sonora Caracas y formó parte del espectáculo Las mulatas de fuego, que recorrió Venezuela y México. En 1950, cuando ya había intervenido en varias emisoras, pasó a integrar el elenco del célebre cabaret Tropicana, donde la descubrió el director de La Sonora Matancera, el guitarrista Rogelio Martínez, y la contrató para reemplazar a Myrta Silva, la solista oficial de la orquesta. Con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas, La Sonora Matancera era por entonces una orquesta popular, bien conocida por su predilección por los ritmos negros y los sones de trompeta; con la incorporación como primera vocalista de Celia Cruz, que acabaría siendo el alma del grupo, la orquesta viviría su edad de oro.

La Sonora Matancera


A lo largo de los años cincuenta, Celia Cruz y La Sonora Matancera brillaron en la Cuba de Pío Leyva, Tito Gómez y Barbarito Díez; del irrepetible Benny Moré, del dúo Los Compadres, con Compay Primo (Lorenzo Hierrezuelo) y Compay Segundo; la Cuba de Chico O’Farril y su Sun sun babae, la Cuba de La conga de los Havana Cuban Boys, la de Miguel Matamoros con su Mamá, yo quiero saber de dónde son los cantantes, la de Miguelito Valdés con su Babalú... Celia Cruz aportó su Cao Cao Maní Picao, que se convirtió en un éxito, y otro tema posterior, Burundanga, la llevó a Nueva York en abril de 1957 para recoger su primer disco de oro. Se había ganado ya varios de los apodos y títulos con que quisieron distinguirla: fue la Reina Rumba, la Guarachera de Oriente y, desde las primeras giras por México, Argentina, Venezuela o Colombia, la Guarachera de Cuba.

jueves, 12 de enero de 2017

la Enfermeda de Celia Cruz

Momento q vivio Celia Cruz cuando le diacnosticaron q tenia cancer


Cuando Celia Cruz fue diagnosticada de cáncer de seno, tenía 77 años de edad. Había recorrido el mundo con su canto caribeño, había superado los logros de Carmen Miranda, de Olga Guillot y de la explosiva “La Lupe”. Era la cantante latina más importante. Celia había nacido en el barrio Santos Suarez de La Habana, el 21 de octubre de 1925, fue bautizada en la iglesia católica con el nombre de Úrsula Hilaria. Ella cantaba desde niña, fue su arte natural, tan espontáneo como un rio torrencial. Hija de Catalina Alfonso y de Simón Cruz, era la simpatía encarnada en una fémina, con una piel morena prieta, grandes labios y una tesitura vocal de contralto, que resultaba a la vez alegre y sensual. Su primo Serafín se percató de su talento y su originalidad, y la llevó a participar en los concursos de la radio capitalina. En Radio Progreso ganó el premio cantando el tango Nostalgia. Estudió magisterio y después comenzó estudios de piano en el conservatorio de La Habana. Siguió participando en concursos de aficionados en las emisoras habaneras, y desde entonces esa fue su labor, su pasión, su rutina creativa, su vida.
Luego del primer tratamiento por el quiste canceroso, Celia vivió un año más, en su casa de Fort Lee, Nueva Jersey, donde estableció su hogar con Pedro Night, su esposo durante 41 años. A Pedro lo conoció en las filas de La Sonora Matancera en 1950, él era trompetista de la banda, fue su gran amor, a él dedico lo mejor de su tiempo con absoluta lealtad. Aunque no pudieron engendrar hijos, lo que causaba un profundo dolor a la cantora, se mantuvieron unidos en un largo romance, como dos almas adolencestes en los cuerpos de dos mayores. Celia era una mujer acostumbrada a las familias extensas en la Cuba tradicional, su familia era de cuatro hermanos e infinitos primos, tíos, sobrinos, abuelos, tatarabuelos.
Cuando salió de Cuba en 1960, Celia estaba de gira con la exitosa orquesta La Sonora Matancera, donde sustituyó a una cantante muy querida, de ascendencia boricua llamada Mirta Silva. Unos meses antes, las tropas comandadas por el comandante Fidel Castro habían entrado triunfantes a La Habana luego de tumbar al sátrapa Fulgencio Batista, y habían establecido el gobierno socialista, de ideario marxista. Esa propuesta ella nunca la entendió, y por tanto, no la compartió. Por ello,Celia y a sus compañeros de orquesta, extendieron su gira por todo México.
En 1961 Celia se establece en Nueva York, ciudad que amó, a la que se integró y trabajó por ella. Realizó campanas cívicas, atendió a las comunidades pobres de latinos en el Bronx, y fue reconocida como una hija ilustre de la megalópolis a orillas del Hudson. En esa capital del arte y las finanzas, vivió tres momentos de grandes éxitos: con Tito Puente y su bigband desde 1966; con Jhonny Pacheco y su combo y luego con la Fania desde 1972; orquesta también dirigida por el dominicano. Un excelente flautista, quien realizó estudios en la Universidad de Julliard. Y con el neoyorquino Willie Colón desde 1977, con él grabó su celebérrimo álbum: Solo ellos pudieron hacerlo, que incluye el tema “Usted Abusó”, de tres autores brasileños, Márques, Figuereido y Ávila. Ese álbum está catalogado, como uno de los más vendidos en la historia de la salsa.
Regresó a grabar un álbum con La Sonora Matancera y en los últimos años de su carrera, experimentó con nuevos ritmos y nuevas tendencias, fue cuando pego su éxito La Vida es un carnaval. Celia murió en la vanguardia de la música urbana a pesar de su longevidad, su maestría de casi ocho décadas. Ella nunca decayó, no dio por terminada su brillante carrera, como un tren sin paradas. Tiene varios records que avalan su estatura de artista universal,
1. Logró reunir en España 250.000 espectadores para verla.
2. Recibió cinco Premios Grammys.
3. Fue condecorada por dos presidentes norteamericanos, Reagan y Clinton.
4. Recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Yale.
5. Recibió las llaves de unas 30 ciudades del mundo.
6. Participó en el filme Los Reyes del Mambo, en 1992. Cinta taquillera, junto a Antonio Banderas y Armand Assante.
7. Tiene su estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood, desde 1987.
El día de su muerte, el 16 de julio de 2003, Celia estaba en su hogar, rodeada por su esposo y sus familiares más cercanos, en Fort Lee, Nueva Jersey. El cáncer se había extendido a su cerebro y solo cabía la resignación y la espera de su hora final. Su exequias fueron realizadas en la ciudad de Miami, como fue su voluntad, tuvieron una importante participación de sus seguidores. Fue enterrada con la bandera cubana, mientras sonaban sus canciones y los aplausos de sus admiradores.
A esa gran cantora la vi actuar en el estadio Luis Aparicio el Grande de Maracaibo en la década de los 70, junto a las Estrellas de Fania. Siempre imponente, con su voz poderosa y un gran carisma. Era la reina de la salsa sin discusión, término que al principio Celia no aceptaba, le parecía un disparate “salsa”. Ella se consideraba cantante de música afrocubana, pero después, el boom del género la envolvió y lo asumió.
Nos acercamos al siglo del nacimiento de Celia Cruz, y su voz se niega a extinguirse. Recién, en 2015, Oscar D León le rindió un hermoso tributo en la quinta Vergara en Chile, en el Festival de Viña del Mar, donde el sonero venezolano cerró esa edición y se llevó los máximos galardones; y el favor del público en pleno. Ella había estado en ese escenario en 2000 y obtuvo La Gaviota de Plata.
En 2004 apareció su libro de memorias, titulado Celia, mi vida. Publicado en Barcelona, en español para el mundo entero. En la introducción, su amiga Maya Angelou, la popular poeta estadounidense, gran figura de la cultura afroamericana, defensora de los derechos civiles, cantante y actriz, escribió:
Hay algunos artistas que pertenecen a todo el mundo, a todos los lugares, y todo el tiempo. La lista de cantantes, músicos y poetas que entran dentro de esa categoría tendría que incluir a los Santos del Antiguo Testamento, Esopo el fabulista, Omar Khayyam el tendero, Shakespeare el poeta de Avon, Louis Armstrong el genio de New Orleans. Om Kalsoum el alma de Egipto, Frank Sinatra, Mahalia Jackson, Dizzie Gillespie y, a Celia Cruz, ella perteneció a todo el mundo, a todos los lugares, a todos los tiempos.
La radio que la vio nacer como cantante, la sigue sonando. Ella fue un tren de amor a la cubanía, lleno de alegría y de música, de historias y recuerdos de gozo. Tal como lo cantó la poeta Angelou. Celia Cruz sigue presente con sus temas icónicos. En un principio, fue el alma de la guaracha, ahora es el alma de la rumba del barrio, de la rumba familiar. Podemos afirmar que ella sigue palpitando en la memoria de los latinoamericanos, pues su música no ha parado de florecer.
Murió el día del cumpleaños 55 de Rubén Blades, su compañero en la orquesta Fania; y como el poeta de Panamá cantó en su tema “Los muchachos de Belén”.

momentos dificiles en la carrera

momentos dificiles en la carrera

La noche en que una errante cubana estrelló su altiva voz contra la hibridez consentida de compatriotas suyos salidos estrepitosamente de la isla y norteamericanos que pretendían graduarse de guaracheros, el Madison Square Garden testificó el ingreso a la tierra del rock de la cantante tropical más grande de la historia y de su ritmo candente arrancado al alma y los tambores africanos y fundido en los cañales de Cuba y las bananeras del resto del Caribe.
Celia Cruz arraigó entonces definitivamente en Nueva York, después de permanecer más de dos años y medio en México, a donde llegó a mediados del 60 para no compartir el nuevo destino de su patria. Esa negra de boca infinita que colmaba las noches espectaculares del Bambú y el Tropicana Trópico (“¡el Trópico para ustedes, queridos compatriotas e ilustres vecinos que nos visitan, el Trópico en Tropicana!”) que derramó en todos los rincones de Cuba la cascada transparente de su garganta y anegó a Suramérica en canciones que el tiempo no derrota, emprendió en aquel momento otro tramo de su camino cantando bajo los rascacielos. Llevaba a sus espaldas tres décadas luminosas sobre las que todavía no se posa el polvo: Radio Progreso, La Sonora Matancera y un continente estremecido cada vez que ella echaba a volar su voz, incubada en el vientre milenario de la rebeldía negra. Abrió, pues, hace tres lustros, su período norteamericano, con la orquesta del maestro Tito Puente, pero erró los tiros.
Salvando “Acuario” y “Dile que por mi no temas”, esos ocho años ocho y long-plays dejaron mucho humo. Herida en su dignidad profesional, se rebeló contra la orquesta, que era excelente pero no de su estilo. “No se trata de que una cantante acompañe a la orquesta, es la orquesta la que tiene que acompañar a la cantante” pensó un día y le soltó al empresario este golpe: “quiero que rescindamos el contrato”, y se fue. Celia Cruz seguía siendo, sin embargo, una mina de oro para cualquier casa de discos. Sin dejarla respirar, le cayó “Fania” con un contrato que la puso a grabar con Johny Pacheco y Willy Colon, garantizándole un tono entre antillano y norteamericano que “pega” en ambos frentes: con los cuatro extensos que han grabado, tanto los rubios como los latinos bailan ahora la misma rumba. Un tipo de rumba que ha instalado en las partituras de orquestas de este país y que está destinada a producir miles de millones de dólares bajo el prosaico y gastronómico apodo de salsa con el cual sepultaron el mambo, el guaguancó y el montuno y la bamba.

oye como va

oye como va

Oye como ya, mi ritmo
bueno pa’ goza’, mulata.
Oye como va, mi ritmo
bueno pa’ goza’, mulata.

Si tú no sabes bailar,
si estás peleado con el son,
sígueme marcando el paso,
que te aseguro que es de lo más sabrosón.

Voy pa’ la rumba, la rumba, la rumba,
porque me llama, me llama, me llama.
Y necesito que suene el coro,
para que se ponga a vacilar;
Y te digo:

“Oye como ya, mi ritmo
bueno pa’ goza’, mulata.
Oye como ya, mi ritmo
bueno pa’ goza’, mulata.”

Esto se pone caliente,
esto se baila apretado;
cuatro pasitos pa’l frente
y un meneíto de lao.

Porque la rumba, la rumba, la rumba,
tiene la clave, la clave, la clave.
Y hay que meterle candela al jarro;
para que suene así como va,
Te lo repito:

“Oye como ya, mi ritmo
bueno pa’ goza’, mulata.
Oye como ya, mi ritmo
bueno pa’ goza’, mulata.”

Oye como ya, oye como ya...

Ya llega el negro Vicente,
y el bodeguero de al lado.
Que venga toda mi gente, mi gente,
para que goce el tumbao.

Porque la rumba, la rumba, la rumba,
tiene la clave, la clave, la clave.
Y hay que meterle candela al jarro;
para que suene así como va, suavesito:

Oye como ya, mi ritmo
bueno pa’ goza’, mulata.
Oye como ya, mi ritmo
bueno pa’ goza’, mulata.

viernes, 6 de enero de 2017

premios y reconocimientos

premios y reconocimientos

A lo largo de una carrera de más de 50 años en los escenarios, cosechó multitud de éxitos, premios y reconocimientos.
Es poseedora de:
  1. una estrella en el paseo de la fama en Hollywood,
  2. cinco premios Grammy,
  3. doctorados Honoris Causa de tres universidades de Estados Unidos,
  4. En 1994 recibió  el premio National Endowment for the Arts, de manos del entonces presidente Bill Clinton, que constituye el más alto reconocimiento que otorga el gobierno de los Estados Unidos a un artista.
  5. 23 discos de oro y multitud de platino.
Celia Cruz con el último Grammy
Una carrera donde grabó más de 80 discos, y fue acompañada por los más grandes cantantes de su tiempo, incluidos muchos de habla no hispana, son muestra del enorme reconocimiento internacional que recibió Celia Cruz.


Gracias a todos estos premios y reconocimientos fue llamada justamente la reina de la salsa. Todos bailaremos siempre al son del Carnaval o de Pena Penita Pena, grandes éxitos de la artista que la han hecho inolvidable.

jueves, 5 de enero de 2017

biografia celia cruz




Celia Cruz

(La Habana, 1924 - Fort Lee, Estados Unidos, 2003) Cantante cubana, una de las más grandes intérpretes de música latina del siglo XX. Ya en la década de 1950 cobró popularidad como vocalista de La Sonora Matancera, una de las orquestas punteras de la Cuba de Batista; el advenimiento de la revolución cubana (1959) forzó su exilio a los Estados Unidos, donde se vinculó a los artistas latinos de Fania All-Stars e inició su carrera en solitario.

Celia Cruz
A lo largo de más de medio siglo de trayectoria artística, la indiscutible Reina de la Salsa grabó alrededor de setenta álbumes y ochocientas canciones, cosechó veintitrés discos de oro y recibió cinco premios Grammy. Mucho más relevantes, sin embargo, fueron las innumerables giras y conciertos que prodigó por incontables países y que hicieron de ella la embajadora mundial de la música cubana. Ciertamente, Celia Cruz será siempre recordada por aquellas sensacionales actuaciones en directo en las que desplegaba todo el magnetismo de su voz y de su arrolladora personalidad; conciertos en los que era imposible no bailar y no sentirse contagiado de su inagotable vitalidad y alegría.
Biografía
Celia Caridad Cruz Alfonso nació en el barrio de Santos Suárez de La Habana el 21 de octubre de 1924, si bien algunas fuentes señalan su nacimiento cuatro años antes, y otras en 1925, datos todos ellos de difícil comprobación dada la persistente negativa de la estrella a confesar su edad. Segunda hija de un fogonero de los ferrocarriles, Simón Cruz, y del ama de casa Catalina Alfonso, Celia Cruz compartió su infancia con sus tres hermanos (Dolores, Gladys y Barbarito) y once primos, y sus quehaceres incluían arrullar con canciones de cuna a los más pequeños; así empezó a cantar.
Su madre, que tenía una voz espléndida, supo reconocer en ella la herencia de ese don cuando, con once o doce años, la niña cantó para un turista que, encantado con la interpretación, le compró un par de zapatos. Con otras canciones y nuevos forasteros, la pequeña Celia calzó a todos los niños de la casa. Después se dedicó a observar los bailes y las orquestas a través de las ventanas de los cafés cantantes, y no veía la hora de saltar al interior.
Sin embargo, sólo su madre aprobaba esa afición; su padre quería que fuese maestra, y Celia, no sin pesar, intentó satisfacerle y estudiar magisterio. Pero pudo más el corazón: cuando estaba a punto de terminar la carrera, la abandonó para ingresar en el Conservatorio Nacional de Música. Ya por entonces cantaba y bailaba en las corralas habaneras y participaba en programas radiofónicos para aficionados, como La Hora del Té o La Corte Suprema del Aire, en los que obtenía primeros premios tales como un pastel o una cadena de plata, hasta que por su interpretación del tango Nostalgias recibió un pago de quince dólares en Radio García Cerrá.

Celia Cruz en los inicios de su carrera
Más tarde cantó en las orquestas Gloria Matancera y Sonora Caracas y formó parte del espectáculo Las mulatas de fuego, que recorrió Venezuela y México. En 1950, cuando ya había intervenido en varias emisoras, pasó a integrar el elenco del célebre cabaret Tropicana, donde la descubrió el director de La Sonora Matancera, el guitarrista Rogelio Martínez, y la contrató para reemplazar a Myrta Silva, la solista oficial de la orquesta. Con más de dos décadas de trayectoria a sus espaldas, La Sonora Matancera era por entonces una orquesta popular, bien conocida por su predilección por los ritmos negros y los sones de trompeta; con la incorporación como primera vocalista de Celia Cruz, que acabaría siendo el alma del grupo, la orquesta viviría su edad de oro.
La Sonora Matancera
A lo largo de los años cincuenta, Celia Cruz y La Sonora Matancera brillaron en la Cuba de Pío Leyva, Tito Gómez y Barbarito Díez; del irrepetible Benny Moré, del dúo Los Compadres, con Compay Primo (Lorenzo Hierrezuelo) y Compay Segundo; la Cuba de Chico O’Farril y su Sun sun babae, la Cuba de La conga de los Havana Cuban Boys, la de Miguel Matamoros con su Mamá, yo quiero saber de dónde son los cantantes, la de Miguelito Valdés con su Babalú... Celia Cruz aportó su Cao Cao Maní Picao, que se convirtió en un éxito, y otro tema posterior, Burundanga, la llevó a Nueva York en abril de 1957 para recoger su primer disco de oro. Se había ganado ya varios de los apodos y títulos con que quisieron distinguirla: fue la Reina Rumba, la Guarachera de Oriente y, desde las primeras giras por México, Argentina, Venezuela o Colombia, la Guarachera de Cuba.
Era, en definitiva, la Cuba corrupta y bullanguera de los años cincuenta, sometida a la servil dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958). El 1 de enero de 1959, el dictador se vio obligado a refugiarse en la República Dominicana ante el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro, y la orquesta tuvo que andar otros caminos. Aunque el mismo Fidel figuraba entre los admiradores de la cantante, Celia Cruz soportaba mal que le dijeran qué y dónde tenía que cantar. El 15 de julio de 1960, La Sonora Matancera en pleno consiguió el permiso para presentarse en México, y una vez allí, en parte impulsada por el grave deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, decidió no regresar.

Celia Cruz con los integrantes de La Sonora Matancera
Después de un año de aplausos en la capital azteca, Celia Cruz se establecía en Estados Unidos y sellaba su primer compromiso para actuar en el Palladium de Hollywood. Si bien declaró en aquellos días «he abandonado todo lo que más quería porque intuí enseguida que Fidel Castro quería implantar una dictadura comunista», su furibunda militancia anticastrista cristalizó después, a partir del 7 de abril de 1962, cuando supo de la muerte de su madre y no pudo entrar en la isla para asistir al entierro. Llegó a confesar incluso que estaba dispuesta a inmolarse haciendo estallar una bomba si con ello hacía desaparecer «al Comandante».
Tres meses después, el 14 de julio de 1962, Celia Cruz se casó con el primer trompetista de la orquesta, Pedro Knight, quien a partir de 1965, año en que ambos dejaron La Sonora Matancera, se convirtió en su representante. Celia Cruz inició su trayectoria como solista junto al percusionista Tito Puente, con el que grabó ocho álbumes. Los jóvenes hispanos de Nueva York la descubrieron en 1973 en el Carnegie Hall, cuando integraba el elenco de la «salsópera» Hommy, de Larry Harlow.
La Reina de la Salsa
Posteriormente participó en un legendario concierto grabado en vivo en el Yanquee Stadium con Fania All-Stars, un conjunto formado por líderes de grupos latinos (así llamados porque grababan para el sello Fania) que darían el impulso definitivo a un género musical que había venido gestándose en los últimos años: la salsa. La cantante cubana era ya una celebridad internacional cuando en 1974 grabó con el flautista dominicano Johnny Pacheco el disco Celia & Johnny, considerado el primer clásico del género.
Desde entonces, el éxito fue la constante de los centenares de conciertos coreados por un público entregado al grito de su Bemba colorá. Esa voz electrizante, su alegría contagiosa y el llamativo vestuario fueron pronto una bandera de identidad de los inmigrantes. Ella, a su vez, terminó por asumir el rol de estandarte del anticastrismo. Como tal, Celia Cruz quiso dejar su impronta también en el cine, y participó como actriz -ya lo había hecho varias veces como cantante- en Los reyes del mambo (1992) y Cuando salí de Cuba (1995), porque ambas películas reflejaban historias de los primeros exiliados cubanos, en parte cercanas a su propia biografía.


Celia Cruz



 Celia Cruz

La Vida Es Un Carnaval

Todo aquél que piense que la vida es desigual
Tiene que saber que no es así
Que la vida es una hermosura, hay que vivirla
Todo aquel que piense que está solo y que está mal
Tiene que saber que no es así
Que en la vida no hay nadie solo, siempre hay alguien

Ay, no hay que llorar
Que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando
Oh oh oh ay no hay que llorar
Que la vida es un carnaval y las penas se van cantando
Oh oh oh ay no hay que llorar
Que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando
Oh oh oh ay no hay que llorar
Que la vida es un carnaval y las penas se van cantando

Todo aquel que piense que la vida siempre es cruel
Tiene que saber que no es así
Que tan solo hay momentos malos y todo pasa
Todo aquel que piense que esto nunca va a cambiar
Tiene que saber que no es así
Que al mal tiempo buena cara y todo cambia

Ay, no hay que llorar
Que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando
Oh oh oh ay no hay que llorar
Que la vida es un carnaval y las penas se van cantando
Oh oh oh ay no hay que llorar
Que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando
Oh oh oh ay no hay que llorar
Que la vida es un carnaval y las penas se van cantando

Carnaval, es para reir
No hay que llorar, para gozar
Carnaval, para disfrutar
Hay que vivir cantando
Carnaval, la vida es un carnaval
No hay que llorar, todos podemos cantar
Carnaval, ay señores
Hay que vivir cantando
Carnaval, todo aquel que piense
Que la vida es cruel
Carnaval, nunca estará solo
Hay que vivir cantando, dios está con él

Para aquellos que se quejan tanto
Para aquellos que solo critican
Para aquellos que usan las armas
Para aquellos que nos contaminan
Para aquellos que hacen la guerra
Para aquellos que viven pecando
Para aquellos que nos maltratan
Para aquellos que nos contagian