Cuando
Celia Cruz fue diagnosticada de cáncer de seno, tenía 77 años de edad.
Había recorrido el mundo con su canto caribeño, había superado los
logros de Carmen Miranda, de Olga Guillot y de la explosiva “La Lupe”.
Era la cantante latina más importante. Celia había nacido en el barrio
Santos Suarez de La Habana, el 21 de octubre de 1925, fue bautizada en
la iglesia católica con el nombre de Úrsula Hilaria. Ella cantaba desde
niña, fue su arte natural, tan espontáneo como un rio torrencial. Hija
de Catalina Alfonso y de Simón Cruz, era la simpatía encarnada en una
fémina, con una piel morena prieta, grandes labios y una tesitura vocal
de contralto, que resultaba a la vez alegre y sensual. Su primo Serafín
se percató de su talento y su originalidad, y la llevó a participar en
los concursos de la radio capitalina. En Radio Progreso ganó el premio
cantando el tango Nostalgia. Estudió magisterio y después comenzó
estudios de piano en el conservatorio de La Habana. Siguió participando
en concursos de aficionados en las emisoras habaneras, y desde entonces
esa fue su labor, su pasión, su rutina creativa, su vida.
Luego
del primer tratamiento por el quiste canceroso, Celia vivió un año más,
en su casa de Fort Lee, Nueva Jersey, donde estableció su hogar con
Pedro Night, su esposo durante 41 años. A Pedro lo conoció en las filas
de La Sonora Matancera en 1950, él era trompetista de la banda, fue su
gran amor, a él dedico lo mejor de su tiempo con absoluta lealtad.
Aunque no pudieron engendrar hijos, lo que causaba un profundo dolor a
la cantora, se mantuvieron unidos en un largo romance, como dos almas
adolencestes en los cuerpos de dos mayores. Celia era una mujer
acostumbrada a las familias extensas en la Cuba tradicional, su familia
era de cuatro hermanos e infinitos primos, tíos, sobrinos, abuelos,
tatarabuelos.
Cuando
salió de Cuba en 1960, Celia estaba de gira con la exitosa orquesta La
Sonora Matancera, donde sustituyó a una cantante muy querida, de
ascendencia boricua llamada Mirta Silva. Unos meses antes, las tropas
comandadas por el comandante Fidel Castro habían entrado triunfantes a
La Habana luego de tumbar al sátrapa Fulgencio Batista, y habían
establecido el gobierno socialista, de ideario marxista. Esa propuesta
ella nunca la entendió, y por tanto, no la compartió. Por ello,Celia y a sus compañeros de orquesta, extendieron su gira por todo México.
En
1961 Celia se establece en Nueva York, ciudad que amó, a la que se
integró y trabajó por ella. Realizó campanas cívicas, atendió a las
comunidades pobres de latinos en el Bronx, y fue reconocida como una
hija ilustre de la megalópolis a orillas del Hudson. En esa capital del
arte y las finanzas, vivió tres momentos de grandes éxitos: con Tito
Puente y su bigband desde 1966; con Jhonny Pacheco y su combo y luego
con la Fania desde 1972; orquesta también dirigida por el dominicano. Un
excelente flautista, quien realizó estudios en la Universidad de
Julliard. Y con el neoyorquino Willie Colón desde 1977, con él grabó su
celebérrimo álbum: Solo ellos pudieron hacerlo, que incluye el tema
“Usted Abusó”, de tres autores brasileños, Márques, Figuereido y Ávila.
Ese álbum está catalogado, como uno de los más vendidos en la historia
de la salsa.
Regresó
a grabar un álbum con La Sonora Matancera y en los últimos años de su
carrera, experimentó con nuevos ritmos y nuevas tendencias, fue cuando
pego su éxito La Vida es un carnaval. Celia murió en la vanguardia de la
música urbana a pesar de su longevidad, su maestría de casi ocho
décadas. Ella nunca decayó, no dio por terminada su brillante carrera,
como un tren sin paradas. Tiene varios records que avalan su estatura de
artista universal,
1. Logró reunir en España 250.000 espectadores para verla.
2. Recibió cinco Premios Grammys.
3. Fue condecorada por dos presidentes norteamericanos, Reagan y Clinton.
4. Recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Yale.
5. Recibió las llaves de unas 30 ciudades del mundo.
6. Participó en el filme Los Reyes del Mambo, en 1992. Cinta taquillera, junto a Antonio Banderas y Armand Assante.
7. Tiene su estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood, desde 1987.
El
día de su muerte, el 16 de julio de 2003, Celia estaba en su hogar,
rodeada por su esposo y sus familiares más cercanos, en Fort Lee, Nueva
Jersey. El cáncer se había extendido a su cerebro y solo cabía la
resignación y la espera de su hora final. Su exequias fueron realizadas
en la ciudad de Miami, como fue su voluntad, tuvieron una importante
participación de sus seguidores. Fue enterrada con la bandera cubana,
mientras sonaban sus canciones y los aplausos de sus admiradores.
A
esa gran cantora la vi actuar en el estadio Luis Aparicio el Grande de
Maracaibo en la década de los 70, junto a las Estrellas de Fania.
Siempre imponente, con su voz poderosa y un gran carisma. Era la reina
de la salsa sin discusión, término que al principio Celia no aceptaba,
le parecía un disparate “salsa”. Ella se consideraba cantante de música
afrocubana, pero después, el boom del género la envolvió y lo asumió.
Nos
acercamos al siglo del nacimiento de Celia Cruz, y su voz se niega a
extinguirse. Recién, en 2015, Oscar D León le rindió un hermoso tributo
en la quinta Vergara en Chile, en el Festival de Viña del Mar, donde el
sonero venezolano cerró esa edición y se llevó los máximos galardones; y
el favor del público en pleno. Ella había estado en ese escenario en
2000 y obtuvo La Gaviota de Plata.
En
2004 apareció su libro de memorias, titulado Celia, mi vida. Publicado
en Barcelona, en español para el mundo entero. En la introducción, su
amiga Maya Angelou, la popular poeta estadounidense, gran figura de la
cultura afroamericana, defensora de los derechos civiles, cantante y
actriz, escribió:
Hay
algunos artistas que pertenecen a todo el mundo, a todos los lugares, y
todo el tiempo. La lista de cantantes, músicos y poetas que entran
dentro de esa categoría tendría que incluir a los Santos del Antiguo
Testamento, Esopo el fabulista, Omar Khayyam el tendero, Shakespeare el
poeta de Avon, Louis Armstrong el genio de New Orleans. Om Kalsoum el
alma de Egipto, Frank Sinatra, Mahalia Jackson, Dizzie Gillespie y, a
Celia Cruz, ella perteneció a todo el mundo, a todos los lugares, a
todos los tiempos.
La
radio que la vio nacer como cantante, la sigue sonando. Ella fue un
tren de amor a la cubanía, lleno de alegría y de música, de historias y
recuerdos de gozo. Tal como lo cantó la poeta Angelou. Celia Cruz sigue
presente con sus temas icónicos. En un principio, fue el alma de la
guaracha, ahora es el alma de la rumba del barrio, de la rumba familiar.
Podemos afirmar que ella sigue palpitando en la memoria de los
latinoamericanos, pues su música no ha parado de florecer.
Murió
el día del cumpleaños 55 de Rubén Blades, su compañero en la orquesta
Fania; y como el poeta de Panamá cantó en su tema “Los muchachos de
Belén”.
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